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Equilibrio

hace 16 horas
5 min de lectura

Durante la Cumbre Avance, celebrada en Orlando, Florida, el pastor Julio Narváez, Director de Comunicaciones de la IDPMI Puerto Rico, entrevistó al pastor Jonathan García, integrante del equipo organizador de la Cumbre de Liderazgo Internacional. Al preguntarle su reacción al desafiante mensaje compartido por el pastor Lucas Leys, Jonathan respondió: "yo creo que la palabra que puede resumir todo esto es: equilibrio". 


Su reflexión destacó tres dimensiones inseparables de la vida de la iglesia: la responsabilidad que tenemos de mantener el estudio de la palabra, la responsabilidad que tenemos de seguir buscando la experiencia con el Espíritu Santo y la responsabilidad social que tiene la iglesia. 


En una época donde algunas iglesias enfatizan exclusivamente la doctrina, otras la experiencia espiritual y otras el compromiso social, la Escritura presenta un modelo mucho más completo. La iglesia del Nuevo Testamento nunca separó estas tres realidades; por el contrario, las vivió de manera integrada. Una iglesia saludable es aquella que permanece firme en la verdad, depende del Espíritu Santo y sirve activamente a la sociedad.



EL EQUILIBRIO DE LA PALABRA

La palabra equilibrio proviene del latín "aequilibrium", lo cual describe una balanza cuyos dos lados permanecen en perfecta estabilidad. Aplicado a la vida de la iglesia, el equilibrio implica mantener la sana doctrina sin desviarse por modas, preferencias o interpretaciones alejadas del evangelio de Cristo. En el NT, Pablo utiliza repetidamente la expresión griega "hygiainousa didaskalia" que traduce “sana doctrina” (1 Timoteo 1:10; 6:3; 2 Timoteo 4:3; Tito 2:1). Su significado literalmente es estar sano, saludable o íntegro. La doctrina sana, por tanto, no es simplemente información correcta; es una enseñanza que produce salud espiritual y una vida transformada.


Por ello Pablo exhorta a Timoteo: Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. ‭‭2 Timoteo ‭2‬:‭15‬ ‭RVR60


La expresión “usar bien” significa cortar rectamente, abrir un camino derecho o manejar correctamente la verdad. La iglesia necesita predicadores y discípulos que interpreten fielmente las Escrituras, evitando el relativismo doctrinal. El equilibrio comienza cuando la Biblia ocupa nuevamente el centro de la vida de la iglesia.



EL EQUILIBRIO DEL ESPÍRITU SANTO 

Tan peligroso como abandonar la verdad es reducir la vida cristiana únicamente al conocimiento intelectual. La iglesia del Nuevo Testamento fue edificada sobre la Palabra, pero fue inaugurada públicamente por el poder del Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Hechos 2). En Hechos 2, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, los capacitó para testificar y ese mismo día unas tres mil personas fueron añadidas a la comunidad de creyentes. 


Jesús les dijo a los discípulos según Hechos 1:8 "pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".  La palabra griega para “poder” es dynamis de donde provienen términos como “dinámica” o “dinamismo”. No describe simplemente fuerza física, sino la capacidad sobrenatural que Dios concede para cumplir su misión.


Ese poder nunca tuvo como propósito la exaltación personal ni la búsqueda de experiencias aisladas. El Espíritu Santo capacita a la iglesia para anunciar el evangelio, formar discípulos, servir con amor y vivir en santidad. La experiencia espiritual auténtica siempre conduce a una vida transformada y a una misión comprometida.


Por esto no debemos divorciar la Escritura del Espíritu. Una iglesia con mucha doctrina pero sin la obra del Espíritu corre el riesgo de convertirse en una institución fría y rutinaria. Por otro lado, una iglesia que busca únicamente experiencias espirituales sin fundamento bíblico puede perder el rumbo.  


RT Kendall  hablaba de “el divorcio silencioso de la iglesia”, refiriéndose a la separación entre el Espíritu y la Palabra. Los que están del lado de la Palabra enfatizan la contienda ferviente por la fe que una vez fue dada a los santos, la predicación expositiva, la sana teología, el redescubrimiento de las doctrinas de la Reforma: la justificación por la fe, la soberanía de Dios. Hasta que volvamos a la Palabra, el honor del nombre de Dios no será restaurado. ¿Qué tiene de malo este énfasis? Nada. Es exactamente correcto, en mi opinión. 


Los que están del lado del Espíritu enfatizan volver al Libro de los Hechos, señales, prodigios y milagros, dones del Espíritu Santo, con lugares que se estremecen en las reuniones de oración, póngase a la sombra de Pedro y será sanado. Hasta que recuperemos el poder del Espíritu, el honor del nombre de Dios no será restaurado. ¿Qué tiene de malo este énfasis? Nada. Es exactamente correcto, en mi opinión. 


El problema es que ninguno aprenderá del otro. Pero si estos dos se juntaran, la combinación simultánea significaría una combustión espontánea.  Y tristemente, esa división sigue ocurriendo hoy. Volvamos a ese equilibrio. Que busquemos fuego, sí… pero un fuego que se alimente de la Palabra. El verdadero equilibrio consiste en permitir que el Espíritu Santo nos ilumine la Palabra y que la Palabra dirija toda experiencia espiritual.



EL EQUILIBRIO DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL 

La misión de la iglesia tampoco termina dentro de las paredes del templo. El evangelio posee implicaciones espirituales, pero también sociales. Cristo transforma el corazón para transformar la manera en que el creyente vive dentro de la sociedad.


Jesús declaró… "Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo‬ ‭5‬:‭13‬-‭16‬ ‭RVR60 


La enseñanza de Jesús sobre la sal y la luz revela la doble responsabilidad del discípulo en el mundo: la sal representa una influencia que opera desde adentro, preservando y evitando que la corrupción avance, mientras que la luz representa una influencia que se manifiesta hacia afuera, revelando la verdad y mostrando el camino hacia Cristo a través de un testimonio visible.  Cabe mencionar, que ambas expresan la misión de una Iglesia que vive para que Cristo sea visto en medio del mundo.


Santiago recuerda que la religión pura y sin mácula delante de Dios… es visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones. (Paráfrasis de Santiago 1:27).


La responsabilidad social no sustituye la predicación del evangelio; la confirma. Cuando la iglesia sirve al necesitado, acompaña al que sufre, defiende la dignidad humana, atiende al enfermo, alimenta al hambriento y anuncia a Cristo. El ministerio de Jesús unió inseparablemente la proclamación y la compasión. Predicó el Reino, sanó enfermos, alimentó multitudes, restauró marginados y mostró el amor del Padre en acciones concretas. Ese sigue siendo el modelo para la iglesia contemporánea.


El gran desafío de la iglesia del siglo XXI no consiste en escoger entre doctrina, Espíritu o acción social. El verdadero reto es conservar el equilibrio entre las tres. Necesitamos una iglesia profundamente bíblica, apasionadamente llena del Espíritu Santo y plenamente comprometida con la transformación de su comunidad. La Palabra nos da fundamento. El Espíritu nos da poder. La responsabilidad social nos lleva a encarnar el evangelio en medio del mundo. 


 Bibliográfia 
  • Keener, C. S. (2017). Hechos: Comentario exegético del Nuevo Testamento (Vols. 1–4). 

  • Stott, J. R. W. (1998). El mensaje de Hechos: La iglesia llena del Espíritu. Buenos Aires: Ediciones Certeza.

  • Fee, G. D. (2007). Pablo, el Espíritu y el pueblo de Dios. Grand Rapids, MI: Editorial Vida.

  • Bosch, D. J. (2000). Misión en transformación: Cambios de paradigma en la teología de la misión cristiana

  • Wright, C. J. H. (2014). La misión de Dios: Descubriendo el gran mensaje de la Biblia. Buenos Aires: Certeza Unida.

  • Louw, J. P., & Nida, E. A. (2010). Diccionario griego-español del Nuevo Testamento basado en dominios semánticos. Miami, FL: Sociedades Bíblicas Unidas.

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